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De mis sentimientos: Un porvenir



Un anciano del poblado de Panti lleva a casa un tronco, la edad le pesa y las gotas de sudor recorren su rostro, pero no como para agotarle la vida.

Tiene el color de la soledad y la melancolía, pero su piel también se llena de primavera. Transcurren las horas, los días, los meses,... los años.

El Perú profundo guarda innumerables vidas con infinitas historias. Alegría, melancolía, agonía, dicha, soledad de un pueblo al que aun le duelen las heridas de los quinientos años, y de los treinta años, pero que no pierde la sonrisa de un nuevo porvenir...

Huancayo 10/12/2011.

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Continuando con las investigaciones históricas, aquí les mostramos una primicia: el certificado de la I Convención Nacional de Estudiantes de Ciencias Agraria realizado en mayo de 1988 en la ciudad de Ayacucho organizada por la recién creada Coordinadora Nacional de Estudiantes de Ciencias Agrarias.

Este evento fue posterior a un evento de menor envergadura pero que iba en la misma línea: el I Encuentro Nacional de Estudiantes de Ciencias Agrarias realizado en el Auditórium: “Pedro Gual” del Instituto Nacional de Cultura en mayo de 1986 también en Ayacucho.
El estudiante mencionado en el certificado, Francisco Galvez Canchari, es padre del actual estudiante de Agronomía de la UNSCH José Galvez quién afortunadamente mantiene estos documentos sobre los orígenes de la institucionalización del movimiento estudiantil de Ciencias Agrarias.
Esperamos continúen los aportes para la elaboración de la historia de nuestro movimiento.

De mis sentimientos: Caminantes andinos

El sol se pone mientras la arena que solo contaba historias de algas y agua salada alcanza el cemento. Las parejas festejan con besos el ocaso mientras caminan rumbo a casa. A lo lejos se distingue el cantar de los pajaros camino a sus nidos. Gorros, polos, sandalias, bolsos desordenados, pies cansados, sal, más arena…
Entre el rutinario trajinar salino se confunden unos caminantes de hombros cargados y huellas de barro. Los pasos y el alboroto de la ciudad continúan pero entre el respirar costero ellos irrumpen con su perfume a verdor rural y leña recién quemada.
Entre el bronceado marino ellos exponen su quemar andino.
Sus salobres pieles y broncear cordillerano se muestran altivas frente al mar al igual que la felicidad y el amor que subyacen a sus pasos y miradas. La ciudad se abre ante ellos: caminantes andinos.
Huaral 2012/01/01