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Reencuentro en Huánuco




 Vuelvo a caminar por las quebradas de mi añorado ande.
Antiguas promesas se hacen realidad: ya estamos por tus tierras.

La lluvia que a mi me incomoda a ti te llena de alegría, porque con ella la simiente cumplirá su rol.
La lluvia recorre las calles y se pierde entre el cemento junto con algunas dudas que arrastramos en la distancia de los años.
La lozanía de la nueva generación nos llena de esperanza,
nos recuerda nuestros años donde dábamos mucho por nuestros ideales.

La noche cae, nos despedimos con entusiasmo, alegría y la certeza de que compartimos la parte esencial de un programa...

Huánuco 07 de noviembre de 2015.
De mis sentimientos. 

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Continuando con las investigaciones históricas, aquí les mostramos una primicia: el certificado de la I Convención Nacional de Estudiantes de Ciencias Agraria realizado en mayo de 1988 en la ciudad de Ayacucho organizada por la recién creada Coordinadora Nacional de Estudiantes de Ciencias Agrarias.

Este evento fue posterior a un evento de menor envergadura pero que iba en la misma línea: el I Encuentro Nacional de Estudiantes de Ciencias Agrarias realizado en el Auditórium: “Pedro Gual” del Instituto Nacional de Cultura en mayo de 1986 también en Ayacucho.
El estudiante mencionado en el certificado, Francisco Galvez Canchari, es padre del actual estudiante de Agronomía de la UNSCH José Galvez quién afortunadamente mantiene estos documentos sobre los orígenes de la institucionalización del movimiento estudiantil de Ciencias Agrarias.
Esperamos continúen los aportes para la elaboración de la historia de nuestro movimiento.

De mis sentimientos: Caminantes andinos

El sol se pone mientras la arena que solo contaba historias de algas y agua salada alcanza el cemento. Las parejas festejan con besos el ocaso mientras caminan rumbo a casa. A lo lejos se distingue el cantar de los pajaros camino a sus nidos. Gorros, polos, sandalias, bolsos desordenados, pies cansados, sal, más arena…
Entre el rutinario trajinar salino se confunden unos caminantes de hombros cargados y huellas de barro. Los pasos y el alboroto de la ciudad continúan pero entre el respirar costero ellos irrumpen con su perfume a verdor rural y leña recién quemada.
Entre el bronceado marino ellos exponen su quemar andino.
Sus salobres pieles y broncear cordillerano se muestran altivas frente al mar al igual que la felicidad y el amor que subyacen a sus pasos y miradas. La ciudad se abre ante ellos: caminantes andinos.
Huaral 2012/01/01