Ir al contenido principal

A LA MUJER QUE AMARÉ: POEMA DE UN COMPAÑERO

Quiero amar a una mujer

que quiera una mejor sociedad.

Que cuando hable se dirija a los que nada saben.

Que se atreva a cantarle a los sordos.

Que busque convencer a los tercos.

Y que todos ciegos del mundo la vean pasar.

Que su máxima sea:

Que la verdad reine en este mundo de mentiras.

Que el amor sea colectivo, mas ya no

propiedad privada de dos socios

En serio, quiero amar a una mujer

que se divierta así:

Si baila que lo haga

en el pasacalle de los niños libres.

Si salta que lo haga

sobre las barreras de la opresión.

Si corre que lo haga

hacia la meta de la ciencia.

Y cuando ría lo haga

en pos de la felicidad de los demás.

Aquella mujer que yo quiero amar

debe temblar cuando alguien tenga frío.

Llorar cuando alguien es golpeado.

Quiero que sangre cuando torturen

la conciencia de los hombres.

Y desfallezca buscando

que esto nunca más ocurra.

Deseo una mujer:

Que limpie la mente de los alienados.

Que lave el corazón de los malvados.

Que en la cocina preparé un mundo mejor.

Y de los niños haga hombres de verdad.

Una mujer:

Que no dude en curar el cáncer social.

Que no retroceda ante el incendio coyuntural.

Que no desespere ante el terremoto de la indiferencia.

Que no diga no, cuando la gente diga sí.

Que no diga sí, cuando la gente diga no.

Quiero que la mujer que ame:

Me ame porque amo lo que ella ama,

un mundo mejor.

Me busque porque busco lo que ella busca,

un mundo mejor.

Me sueñe porque sueño lo que ella sueña,

un mundo mejor.

Por eso mujer ama, busca, sueña

un mundo mejor,

que yo estaré contigo.

JORGE AMV

Comentarios

Entradas populares de este blog

Listado de ex miembros de Agronomía, Parte III

Lista de ex miembros de la revista científico estudiantil   AGRONOMIA [i] 1981 (aparentemente no hubo ediciones desde finales de 1966) Zoilo Maycelo Salón Cesar Díaz Díaz, Segundo Bello Arnes (o Ames), Mario Achata Salas, Ciro Calle Pacheco, Walter Chamochumbi, Marlene Moali Huerta, Ana Sabogal ( primeras mujeres que aparecen como integrantes del cuerpo editor ), Gabriel Cuya Quispe, Jorge Velapatiño. 1990 Roger Díaz Alarcón Amet Aguilar Cornejo, Zeidy Chunga Liu, Cecilia Figueroa, Andrés Valladolid Cavero , Rafael Tapia Fries, Lourdes Reategui Nagatani, Flor de Maria Balavarca, Luís Bartolo Marchena, Rubén Moreno, Fernando Arauco, Miguel Maticorena, Gonzalo Tejada. 1991 Andrés Valladolid Cavero Rafael Tapia Fríes, Alexander Bonifacio Vivanco , Enrique Leon Oscanoa, Luis Bartolo Marchena, Adely Gomero, Roger Díaz Alarcón , Jorge Santillán, Eduardo Cabezas, Evangelina Solano Sánchez. 1993 (julio) Alexander Bonifacio Vivanco Rafael Tapia Fries , Enrique Leó...

Poema a nuestra siempre Universidad Pública

Donde acabaré mis días jóvenes… Queremos nuestra Universidad desnuda, sin fachadas hipócritas; porque queremos tocarle el alma, para sentirla nuestra. Para no morbosearnos con sus desdichas presentes y aun por venir; sino para buscar restos de un espíritu hoy ausente. ¡No la queremos Puta! ¡la queremos libre! Para darle color y vida. Para devolverle lo que se le despojó, y que hoy lucha por volver. ¡Volver…! ¡Universidad querida…! Donde acabaré mis días jóvenes Mas con la dicha y regocijo de sentirte vieja y nueva Al verte estrenar tu nuevo vestido: De hombres libres, de metal resplandeciente, de pueblo que despiertas… Abel Zavaleta Ortíz Junio de 2001

De mis sentimientos: Caminantes andinos

El sol se pone mientras la arena que solo contaba historias de algas y agua salada alcanza el cemento. Las parejas festejan con besos el ocaso mientras caminan rumbo a casa. A lo lejos se distingue el cantar de los pajaros camino a sus nidos. Gorros, polos, sandalias, bolsos desordenados, pies cansados, sal, más arena… Entre el rutinario trajinar salino se confunden unos caminantes de hombros cargados y huellas de barro. Los pasos y el alboroto de la ciudad continúan pero entre el respirar costero ellos irrumpen con su perfume a verdor rural y leña recién quemada. Entre el bronceado marino ellos exponen su quemar andino. Sus salobres pieles y broncear cordillerano se muestran altivas frente al mar al igual que la felicidad y el amor que subyacen a sus pasos y miradas. La ciudad se abre ante ellos: caminantes andinos. Huaral 2012/01/01